
Este momentazo va dedicado a la primera pastillera que hubo en esta ciudad.
¿Qué pensarían los actuales "bacalas" y chungos de coche tuneado que circundan Jaén si supieran que la primera pastillera o pastillero de este país no fue ni la Jennifer ni er Jonathan sino que fue... "La Amparín", mi hermana?.
Transcurría un día más en el devenir de mi infancia, cuando la mente de la Amparín decidió dar un giro inesperado al día y dotarle de emoción a raudales. En aquel momento mi madre había salido de casa durante un breve instante para algún asunto y la Amparín decidió ejecutar sus ideas, sus macabras ideas. Quería nada más y nada menos que aspirinas, vamos, que en vez de un phoskitos o una palmera de chocolate como cualquiera, ella quería aspirinas... pero claro ella sola no podía, necesitaba un camello, y ahí es donde yo fui escogido para tal labor.
Mi misión fue alcanzar las aspirinas que estaban en una repisa bien alta (para nuestra edad) con un instrumento de alta precisión, un palo. No sin grandes esfuerzos conseguí llegar a las pirulas en cuestión, tras alcanzar las ansiadas aspirinas, la Amparín comenzó a devorarlas cual yonki con el mono ¿qué le vería de ricas a las aspirinas esta niña? y yo, como no, probé alguna, pero poquita cosa.
Al regresar, mi madre pudo comprobar como la Amparín había consumido sus dosis correspondientes de aspirinas, y claro, las consecuencias no se hicieron esperar, rápidamente al hospital a su lavado de estómago correspondiente.
Por tanto, podemos concluir que la primera pastillera de la ciudad fue la Amparín, yo el primer camello y mi madre la primera en llevar a alguien a rehabilitación... ole !!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario